Martes, 14 Junio 2016 09:23

"No me quejo. No me justifico. Punto" - Columna "Lingotes de Felicidad", Centro, México

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Periódico Centro, México, 14 de junio de 2016

Periódico Centro, Mx., 14 de junio de 2016  El concepto de “Poder personal” es una de las puertas más interesantes que usted podrá abrir en su vida. Es interesante porque no se trata de la capacidad de hacer cosas sobrenaturales sino que se refiere al desarrollo de la fuerza prodigiosa que lleva cada ser dentro de sí.

Poder” + “Personal”: dos palabras que rara vez van juntas pero que, si las combina, se lo aseguro, no habrá marcha atrás. Tener poder personal significa potenciar su habilidad de cambiar la realidad: ser capaz de sanarse; de perseverar; de alcanzar metas; de mantener la paz. (Si está leyendo con atención, de seguro usted estará presintiendo –como también lo estoy haciendo yo mientras escribo- que este asunto tiene mucho que ver con la felicidad. Y así es). Dado que ninguna cuestión que tenga que ver con la realización del ser humano debe ser abordada como si fuera una ciencia exacta, es necesario anticipar que para desarrollar el poder personal no hay una fórmula mágica. No obstante esto, le voy a contar a continuación qué es lo que ha funcionado no sólo para mí sino para miles de personas que han aceptado este desafío en medio de alguno de mis seminarios. Al grano: por veintiún días haga el ensayo de repetirse “No me quejo; no me justifico”. Y viva de acuerdo con eso. El solo hecho de parar de quejarse será ganancia pura porque quejarse no es nada distinto a decir en voz alta que usted no está siendo capaz de lidiar consigo mismo. Grave. Gimotear por cada cosa que le molesta lo hace más vulnerable de lo que cree: lo pone a merced de tanto oportunista del dolor que anda suelto por ahí; le quema energía innecesariamente (y energía vital; no de esa que se estanca en la cintura) y lo expone a generar dependencias hacia relaciones, objetos o sustancias de las que seguramente sea mejor mantenerse alejado. De otra parte, note que las personas realmente poderosas no viven justificándose. Viven como quieren vivir, sin pasar por encima de nadie y sin explicar cada movida que hacen. Ahora bien, para que el experimento nos salga al derecho es importantísimo aclarar una cosa: ‘justificarse’ y ‘disculparse’ no quieren decir lo mismo. Ofrecer una disculpa cuando usted sabe que pudo haber actuado de otro modo no sólo es válido sino que es prácticamente indispensable para una convivencia fluida; incluso amorosa. Y, volviendo a mi propuesta, al invitarlo a que deje de justificarse, la idea es que deje de dar explicaciones por cada cosa que usted ha hecho o ha dejado de hacer, en la medida en que se trate de asuntos que legítimamente correspondan a su fuero interno: si no pudo atender el teléfono de inmediato; si no hizo su rutina de ejercicios; si quiso tomar un postre o si se compró esa prenda, por citar algunos ejemplos cotidianos. Confieso que estaba esperando llegar al final de esta columna para contarle cuál fue el pensamiento que realmente cambió mi vida de lo perfecta que era antes a lo inmensamente feliz que es ahora: convénzase de que está bien si no le gusta lo que se supone que debería gustarle. Lea la frase anterior una vez más para interiorizarla y piense en su vida. Y respire. Y sonría. Columna publicada en el periódico "Centro". Puebla, México, 14 de junio de 2016. Enlace a la publicación del periódico haciendo click aquí: tercer lingote de felicidad de Sylvia Ramírez 

Conferenciante internacional de Felicidad y Personal Branding Coach Ejecutivo – Coach Personal @SylviaRcoaching 

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